domingo, 27 de enero de 2013

Estados Unidos no utilizará más chimpancés para la investigación biomédica

Los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses (NIH) han informado de que en el futuro apenas se utilizarán chimpancés para la investigación biomédica por considerar que su uso "no es necesario" en la mayoría de casos, aceptando así las recomendaciones del Instituto de Medicina (IOM). De hecho han anunciado no financiarán ningún nuevo proyecto de investigación que utilice chimpancés.

Según las recomendaciones emitidas por el IOM en diciembre de 2001 y basadas en consultas a expertos independientes, la mayoría de los ensayos científicos revisados con chimpancés no eran indispensables y deberían ser estrictamente limitadas. Los NIH revisarán también todas las investigaciones en curso que estén utilizando a chimpancés, que son la menor parte. De los 94.000 proyectos de investigación financiados en 2011 por los institutos, solo 53 fueron realizados con este tipo de primates.

Estados Unidos es el único país industrializado que en este momento utiliza primates para la investigación científica, especialmente en los estudios relacionados con la hepatitis C, el sida y el paludismo. La Unión Europea (UE) prohibió formalmente en 2010 la utilización de monos en laboratorios, siguiendo así el ejemplo de Japón, Australia y otros países.

Los expertos estiman, sin embargo, que en ciertos dominios todavía podría resultar indispensable recurrir a los chimpancés, como es el caso de la comparativa de los genomas de estos simios y de los humanos, o en las enfermedades infecciosas emergentes.

Una música para cada actividad

musica-emocionDaniel J. Levitin, exproductor musical de grandes figuras como Stevie Wonder o Carlos Santana, neurocientífico y actual director del Laboratory for Music Perception, Cognition and Expertise de la Universidad McGill, en Montreal (Canadá), confeccionó no hace mucho una exhaustiva lista de recomendaciones sobre qué género musical es más apropiado para realizar cada actividad cotidiana. Así, asegura que mientras leemos o estudiamos asignaturas como Historia o Literatura, la música clásica, el jazz, el blues y el tecno favorecen la concentración. 

Si lo que queremos es aumentar el rendimiento mientras hacemos ejercicio, una buena opción sería oír I Feel Good de James Brown, con 146 bpm (pulsos por minuto), casi el mismo ritmo que el single de Madonna titulado Hung up, también recomendado por Levitin. Antes de ir a dormir conviene bajar a 60-70 bpm, con piezas como la Canción de cuna de Brahms. La música de Beethoven, sin embargo, no es una buena opción cuando pretendemos relajarnos.

Hay microbios que viven en las nubes de tormenta

tormenta-veranoUn estudio danés basado en muestras de una tormenta caída en mayo de 2009 revela que las nubes cargadas de lluvia, rayos y truenos también están repletas de bacterias y sustancias químicas, concretamente hasta 3000 compuestos diferentes encontrados de manera habitual en el suelo. 

De los microbios descubiertos en las piedras de granizo analizadas por los científicos,  existen tres tipos que podrían considerarse “típicos” habitantes microscópicos de un nubarrón tormentoso: Proteobacteria, Sphingobacteriales yMethylobacterium. Y coinciden con tipos de bacterias que suelen vivir asociados a la superficie de las plantas, según publican los investigadores en la revista PLOS ONE. 

Los autores sostienen que la abundancia de ciertos microbios en el granizo de las lluvias de tormenta revela qué microbios sobreviven mejor a los procesos que implica el ciclo de vida de una nube. Y que esto podría afectar a la distribución de los microorganismos a lo largo y ancho del planeta. Dicho de otro modo, las bacterias no solo nacen, se reproducen y se seleccionan a ras de suelo, sino también en la atmósfera. “Las nubes de tormenta son los hábitas más extremos de la Tierra donde hemos encontrado vida”, concluyen los autores del trabajo.

¿Comer antes de las 15 horas aumenta la pérdida de peso?

dieta-basculaSegún un estudio realizado por investigadores españoles y estadounidenses que publica la última edición deInternational Journal of Obesity, las personas que almuerzan temprano tienen más posibilidades de adelgazar que quienes optan por hacerlo tarde. Las horas del desayuno y de la cena, menos abundantes y menos energéticas, apenas influyen en la pérdida de peso.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron un grupo formado por 420 participantes con sobrepeso que siguieron durante veinte semanas unas pautas alimentarias destinadas a perder de kilos y basadas en la dieta mediterránea. Los resultados del estudio muestran claramente que “los individuos que retrasan la comida principal del medio día (hasta después de las 15.00) experimentan una pérdida de peso significativamente menor que los que comen temprano (antes de las 15.00)”, tal y como explica Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y autora principal del trabajo. 

“Este es el primer gran estudio prospectivo que demuestra que el horario de las comidas predice la eficacia en la pérdida de peso”, añade Garaulet, que considera que las futuras estrategias terapéuticas deberían tener en cuenta no solo el consumo de calorías y de macronutrientes, como clásicamente se hace, sino también el momento en que se ingiere de la comida

El perro se convirtió en el mejor amigo del hombre por la alimentación

perro-humanosTras comparar el genoma de los perros domésticos con el de los lobos, de quienes es probable que se separaran evolutivamente hace unos 10.000 años en algún lugar de Asia, un equipo de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) ha descubierto que la domesticación del perro fue posible gracias una evolución de su aparato digestivo que le permitió ingerir una dieta rica en almidón, más parecida a la de los seres humanos.

Según publica la revista 
Nature, los investigadores analizaron secuencias del genoma que muestran clara diferenciación entre ambos animales, y llegaron a la conclusión de que los perros evolucionaron para adaptar su sistema digestivo a una dieta rica en almidón -el carbohidrato más importante de la alimentación humana-, que el intestino canino es capaz de fragmentar en azúcares que circulan por su sangre. “El gen de la amilasa, la primera enzima que interviene en la digestión del almidón, tiene muchas más copias en los perros que en los lobos”, explica Erik Axelsson, coautor del trabajo. “Esto fue crucial para que los primeros canes subsistieran a base de vegetales y cereales”, añade. De acuerdo con los científicos, los resultados muestran que la domesticación canina estaría conectada con el desarrollo de la agricultura, y que fue en los primeros asentamientos humanos donde aparecieron también los perros.

Además de la adaptación en el sistema digestivo, los científicos han hallado diferencias en genes que afectan al desarrollo del cerebro del perro, y que podrían explicar por qué el comportamiento de “el mejor amigo del hombre” es tan diferente del de sus parientes más cercanos, los lobos salvajes. “Para adaptarse a una vida cerca del ser humano, para estos animales fueron igual de importantes los cambios en la dieta que los cambios en el comportamiento”, subraya Axelsson. 

¿Podemos olernos a nosotros mismos?

olfato-2Cada persona es capaz de reconocer su propio olor gracias al complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), una combinación única de proteínas similar a la que usan los animales para reconocer a sus parejas. Estos son los resultados de un estudio que se publica en la revista Proceedings of the Royal Society B, el primero en demostrar que, efectivamente, los humanos nos `olemos' a nosotros mismos. Los péptidos del complejo CMH se encuentran en la superficie de casi todas las células del cuerpo, y sirven para que nuestro sistema inmunológico las diferencie de las células de los organismos patógenos. Además, estas moléculas también contribuyen a la comunicación entre animales y numerosos estudios realizados en peces, ratones y personas, han demostrado que preferimos el olor de individuos con genes CMH diferentes a los nuestros. En este nuevo estudio, los investigadores reclutaron a 22 mujeres voluntarias a las que aplicaron diferentes perfumes en la axila. Salvo las fumadoras y aquellas que estaban resfriadas, todas las mujeres preferían llevar el perfume que contenía una mezcla sintética de sus propias proteínas CMH. Para comprobar lo que sucedía en el cerebro, los científicos realizaron otra prueba en la que obtuvieron una imagen por resonancia magnética de varias mujeres que debían oler diferentes soluciones. "Se observó una diferencia muy clara entre la respuesta a los péptidos propios y a los ajenos", ha explicado Thomas Boehm, autor del estudio e investigador en el Instituto Max Planck de Inmunobiología y Epigenética (Alemania). "Hay una región particular del cerebro que solo se activa cuando la persona huele péptidos similares a las moléculas CMH propias". De la misma manera, cuando la voluntaria olía moléculas ajenas, se activaba siempre la misma zona del cerebro. Este trabajo confirma la idea de que preferimos usar perfumes que amplifiquen la señal de nuestras CMH, mientras que, cuando olemos a otras personas, nos gustan más aquellas que usan aromas que amplifican las señales CMH diferentes a las nuestras. El siguiente paso, explica Boehm, "será identificar los receptores nasales que identifican estos péptidos en los humanos".

¿Podemos olernos a nosotros mismos?

Cada persona es capaz de reconocer su propio olor gracias al complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), una combinación única de proteínas similar a la que usan los animales para reconocer a sus parejas. Estos son los resultados de un estudio que se publica en la revista Proceedings of the Royal Society B, el primero en demostrar que, efectivamente, los humanos nos `olemos' a nosotros mismos. Los péptidos del complejo CMH se encuentran en la superficie de casi todas las células del cuerpo, y sirven para que nuestro sistema inmunológico las diferencie de las células de los organismos patógenos. Además, estas moléculas también contribuyen a la comunicación entre animales y numerosos estudios realizados en peces, ratones y personas, han demostrado que preferimos el olor de individuos con genes CMH diferentes a los nuestros. En este nuevo estudio, los investigadores reclutaron a 22 mujeres voluntarias a las que aplicaron diferentes perfumes en la axila. Salvo las fumadoras y aquellas que estaban resfriadas, todas las mujeres preferían llevar el perfume que contenía una mezcla sintética de sus propias proteínas CMH. Para comprobar lo que sucedía en el cerebro, los científicos realizaron otra prueba en la que obtuvieron una imagen por resonancia magnética de varias mujeres que debían oler diferentes soluciones. "Se observó una diferencia muy clara entre la respuesta a los péptidos propios y a los ajenos", ha explicado Thomas Boehm, autor del estudio e investigador en el Instituto Max Planck de Inmunobiología y Epigenética (Alemania). "Hay una región particular del cerebro que solo se activa cuando la persona huele péptidos similares a las moléculas CMH propias". De la misma manera, cuando la voluntaria olía moléculas ajenas, se activaba siempre la misma zona del cerebro. Este trabajo confirma la idea de que preferimos usar perfumes que amplifiquen la señal de nuestras CMH, mientras que, cuando olemos a otras personas, nos gustan más aquellas que usan aromas que amplifican las señales CMH diferentes a las nuestras. El siguiente paso, explica Boehm, "será identificar los receptores nasales que identifican estos péptidos en los humanos".